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Cinco Formas De Frenar Las Relaciones Tóxicas En La Familia

Thursday, July 2, 2015

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Hay familiares tóxicos que pueden hacernos mucho daño. Cada uno en la medida de sus posibilidades, pueden hacernos la vida muy difícil, incluso imposible, con sus comportamientos y sus palabras en el núcleo familiar. De hecho, la familia es uno de los escenarios más comunes en los que se desarrolla el drama de las relaciones tóxicas. Además, a esto se le suma una dificultad más: no podemos desligarnos de ellos para siempre, ya que siempre habrá algo que nos una. Digamos que, mientras sí que hay ex-parejas, no existen las ex-madres, los ex-padres, los ex-hermanos, los ex-abuelos, etc. Es decir, podemos poner punto y final a una relación de pareja pero no podemos hacerlo con nuestros familiares. La familia nos viene impuesta, no podemos elegirla y esto requiere que, aunque no nos guste, nos tengamos que adaptar a ello. Suele ocurrir que nos veamos sometidos a ciertas normas dentro del núcleo familiar y que eso nos ahogue. Esto genera que nos sintamos esclavos, que estemos a disgusto y que nos sintamos atrapados y sin salida. Además, ocurre que, cuanto más relevante sea el puesto o la posición que ocupan los familiares tóxicos, más difícil sea salir de allí o hacer valer nuestros derechos. Se dice que hay dos tipos de familias: las rígidas y las flexibles. En las primeras abunda la toxicidad, pues su funcionamiento es fruto del uso intenso e irracional del poder. El hecho de que esto suceda implica gran dificultad a la hora de relacionarnos, a la vez que nos impide expresar con libertad nuestros sentimientos y nuestras opiniones, conversar o mostrarnos tal y como somos. Estos familiares son, sin duda, vampiros emocionales. Son esas personas que nos someten a la imposición, a la envidia y al acoso de alguien que, en principio, debería cuidarnos más que nadie en este mundo. Como hemos comentado, lo más lógico y probable es que no podamos romper esa relación con facilidad, pues un vínculo familiar no se deshace tan a la ligera. Sin embargo, hay veces que las relaciones se recrudecen y no queda otro remedio que huir del ambiente tóxico. ¿Cómo podemos actuar? Según apunta Laura Rojas Marcos, la mayoría de los conflictos vienen originados por las luchas de poder, el sentimiento de derecho y la falta de límites. ¿Cuáles son las claves para liberar la carga que supone que un familiar nos dañe con sus palabras o sus actos? Ver también: Cómo mejorar nuestra capacidad de resolución de conflictos 1. Ponerse en el lugar del otro: la empatía Esto no significa que nos debamos someter a los deseos y a las necesidades de los demás, sino que tengamos la disposición de comprender lo que ocurre más allá de las palabras y los actos. Es decir, “practicar la empatía” implica mantener la disposición de escuchar y de considerar lo que los demás nos tienen que decir. Esto nos ayudará a aceptar la posibilidad de no llegar a un acuerdo sobre lo que nos pidamos, pues cada uno tiene necesidades diferentes. En estos casos, debe existir un pacto de respeto al desacuerdo, algo que facilitará la convivencia. Esto es: tú quieres algo que no es compatible con lo que yo deseo, aceptémoslo y sigamos. 2. Respetar la intimidad y el espacio de cada uno Respetar al otro significa aceptar que el “no” sea la respuesta, tolerando así la frustración, aunque parezca injusto. No nos podemos permitir eso de “donde hay confianza da asco”, ya que la intromisión da lugar a grandes conflictos familiares. Tal y como apunta Rojas Marcos: “en las relaciones familiares se dan por hecho cosas en las que no existe acuerdo. Si se entra sin avisar en casa de un hijo o se hace una llamada a destiempo, hay que estar preparados para recibir una respuesta que puede no gustarnos y que marque los límites de la relación”. 3. Ser respetuosos y mantener las formas Suele ser habitual que, en conversaciones familiares, se diga lo primero que nos viene a la mente. Esto sucede porque no le pasamos el filtro de la educación y del respeto a nuestras palabras y a nuestras acciones. Es probable que una gran parte de nosotros tenga un familiar cercano que se piensa que puede decir todo cuanto le venga a la mente y que sus percepciones y opiniones están por encima de cualquiera. Esto generará grandes conflictos, por lo que es importante que tomemos distancia en las situaciones y pongamos límites de forma calmada, respondiendo que lo que dice está causando dolor emocional. 4. Ser asertivos y utilizar las palabras mágicas Hay relaciones familiares que se basan en juegos de poder. Es probable que no quieras poder, que solo quieras libertad de acción y de expresión y que haya personas que dificulten esta transición. En estas situaciones debemos hacernos valer manifestando nuestros “no puedo”, “no quiero” o “no estoy de acuerdo” sin temor. Es importante sentirse seguro de uno mismo, actuar con determinación y hacer uso de nuestra capacidad de elección. Además, aunque estemos en familia, sigue siendo de gran importancia pronunciar las palabras “gracias” y “por favor”, ya que con ellas expresamos consideración y amabilidad, mostrando respeto por el tiempo y el esfuerzo que las peticiones y los favores requieren. Te recomendamos leer: Familiares tóxicos: ¿Cómo podemos defendernos? 5. Ser pacientes Impacientarnos ocasiona que seamos impulsivos e irreflexivos a la hora de valorar las circunstancias y tomar decisiones. Por esta razón, es indispensable desarrollar nuestra capacidad de espera y de reflexión antes de actuar. Puede ocurrir que no podamos solventar las dificultades que acompañan al agotamiento que provoca una relación familiar tóxica. Por eso, a veces se hace inevitable tomar decisiones que rompan con el núcleo familiar como, por ejemplo, alejarse de esas personas. No debemos olvidar que los vampiros y los depredadores emocionales están presentes en todos los contextos de nuestra vida, lo que requiere que seamos hábiles en identificarlos y en protegernos de ellos. Así, se hace especialmente importante que aprendamos a controlar la intensidad de emociones como el enfado, las cuales pueden generar dramas de gran extensión. Debemos mantener la cordura y valorar mucho las consecuencias de nuestros actos, teniendo en cuenta los límites emocionales y físicos que nunca deberíamos sobrepasar.
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